El uso del axolote como emblema de la Ciudad de México abre una oportunidad para alejar al anfibio del riesgo crítico de extinción, al mismo tiempo que se promueve la recuperación de su hábitat natural en Xochimilco. Así lo planteó Diana Vázquez, especialista del Instituto de Biología de la UNAM. La maestra en biología, quien recientemente recibió un Premio al Mérito Ambiental, ha dedicado sus esfuerzos, junto a expertos del Laboratorio de Restauración Ecológica, a la salvaguarda de los canales y las chinampas agrícolas donde aún sobreviven ejemplares de la especie.

Vázquez señaló que actualmente existen 15 mil chinampas abandonadas en Xochimilco, las cuales representan una gran extensión de suelo pero que se deterioran progresivamente, poniendo en riesgo su desaparición debido a factores sociales y ambientales. La urbanización avanza, cubriendo canales y chinampas con construcciones, calles y canchas deportivas, lo que dificulta la preservación de esta área natural que ha sido fundamental durante siglos.

"Sería importante rehabilitar al menos el 50 por ciento, unas 7 mil 500 chinampas, para volver a generar el ecosistema donde sobreviva el axolote", puntualizó Vázquez en una entrevista.

El laboratorio, coordinado por el investigador Luis Zambrano, opera con recursos propios y donativos. "En otras etapas hemos tenido la colaboración del Gobierno de la Ciudad pero ahora no tenemos ese respaldo y nos gustaría invitarlos a que conozcan el proyecto, vean cómo trabajamos directamente con las y los productores y nos den una oportunidad", mencionó.

Ante la polémica generada por la "axolotización" de la Ciudad, que incluye la imagen del axolote en diversas representaciones, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha ofrecido ampliar los espacios dedicados a la recuperación del axolote, tal como se anunció en la inauguración del embarcadero de Cuemanco.

Por su parte, el laboratorio universitario mantiene una colonia de axolotes destinados a su reintroducción en vida libre, un proceso que depende intrínsecamente de la restauración del hábitat. "Trabajamos de la mano de productoras y productores para reactivar sus chinampas de manera productiva y agroecológica, les apoyamos en abrir los canales que sirven como refugios, colocamos plantas acuáticas nativas que son biofiltros y cuando la calidad del agua es óptima en los canales y para el riego en las chinampas, podemos hacer una reintroducción", explicó.

La producción agrícola de 36 chinampas refugio cuenta con la certificación de la UNAM a través de una Etiqueta Chinampera, que avala su comercialización. Este proyecto fue reconocido en la primera edición de los premios entregados por la secretaria de Medio Ambiente, Julia Álvarez Icaza.

"Ideal sería que el modelo de chinampa refugio y la Etiqueta Chinampera sean una política pública en la Ciudad de México".

Volver al inicio